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martes, 7 de marzo de 2017

INOCENCIA - Capítulo 1

Podrás creerme o tal vez no. Te diré que, no me importa. Soy solo uno, uno nada más que tras años de aventuras descubrió que la única aventura que quería vivir era la de su vida. Ahora, como he dicho, puede que mi historia te parezca totalmente absurda, y si es así, pues ¿por qué la lees? ¿Hay algo en ella que te absorbe? Bien.
La bella ciudad de Fayna. Es allí en donde surge mi historia. Trece años, una vida maravillosa y una intención suicida en cada uno de mis actos, ¡está bien! no exactamente suicida, pero el autoestima no era precisamente mi fuerte. Mi casa está metafóricamente en llamas y yo me quemo en ellas. Tengo problemas a cada paso que doy, mi padre me corrige cuando puede, se va cuando debe, es decir siempre, y entonces quedo al cuidado de alguien, no sé, quien sea. Supongamos que es un lunes ¿Qué por qué elijo el lunes para iniciar mi historia? Pues porque me apetece. Algunos desprecian los lunes, yo los despreciaba… ese día de la semana comenzaba mi martirio en el colegio; ahora soy un hombre nuevo y he decidido hacer del lunes el día estrella de mi historia.
Reconteo. Tengo trece años, es lunes, mi padre trabaja, mi madre no está conmigo y me esperan siete horas de tragedia en un salón… ¡Catástrofe! Había acabado de comer el desayuno que la señora Sara me había preparado. Cogí mi maleta escolar y tras un grito de doña Sara, que de seguro oyeron en la estación de bomberos a doce calles de allí, me volví a cepillarme los dientes, no solía hacerlo, no porque lo olvidara sino porque prefería fastidiar a la vieja.
Luego de que hice un ¡Adiós! Y obtuve un rugido por respuesta, me dirigí hacia el colegio, un lunes como he dicho. Mi costumbre era cruzar una vía bastante transitada, algo así como una autopista. Si mi memoria no me falla, aquella era la salida a las ciudades vecinas y esta, bueno, esta era solo el puente de tránsito entre la ciudad más habitada y otras que servían solo de recepción turística, muchos pueblos. Me era muy difícil cruzar, teniendo en cuenta que solo cuando tenía intenciones de avanzar a algún atarantado camionero se le daba por acelerar, un taxista pasaba con afán desmesurado y un motociclista me echaba pito como si fuese una orquesta desafinada. Mi demora había acabado, atravesé el laberinto de automóviles todavía con mi vida en las manos y el corazón latiendo. Lastimosamente ese era mi problema, salía vivo de los automóviles pero no lograba llegar a tiempo a clase. 
El camino era un verdadero peligro, en verdad prefería haber sido atropellado por cualquiera de los autos de la autopista que con tanto esfuerzo había atravesado. Sam, un niño verdaderamente molesto; no sé si con su padre, su madre, o con la sociedad en general; parecía descargar su ira siempre sobre algún idiota, claro, naturalmente el perfecto para ese personaje era yo.
-¡Quítate la maleta, sacapuntas, quiero toda tu comida! -
Si, ese era mi nombre perfecto en la escuela. Era yo el único que usaba el lápiz tanto como para tener que sacarle la punta nuevamente en menos de diez minutos, me gustaba estudiar, mientras Sam tenía el mismo lápiz que le regalaron a sus ocho años. Vale anotar que estamos juntos en la clase; el sujeto tiene quince años y yo dos menos que él. Él es quien manda.
-Sabes que no traigo.-
-¡Perfecto! ¡Tengo razones para golpearte!
Mi mente se quedó en blanco. Tanto esfuerzo en el colegio para saber que algún día, de tantas palizas que este solía darme, dejaría este mundo sin haberlo conocido bien.
-¡Déjalo!-
¡Una niña! En ese momento no tenía ni idea de quién era. Siempre tenía bastantes compañeras en la institución pero ninguna me dirigía la palabra. Yo era el raro, el que comía libros, el aburrido…
-¿Quién eres tú?-dijo Sam- ¡Lárgate!-
-Intenta sacarme de aquí gigantón tonto-
De verdad que creí que esa chiquilla que desde mi posición (Sam ya me tenía levantado del cuello) veía como una imagen pequeña y femenina muy borrosa, iba a ser apaleada a mi lado. Siempre es buena la compañía en los finales. ¿Verdad?
-¡Carajo!- dije
Acababa de caer al suelo luego de que, sin darme cuenta, ella le dio una patada a mi agresor en donde no quisiera yo recibir una jamás en mi vida. Él me soltó danto respiros ahogados y agonizantes ¡de verdad le dolió! Y se alejó corriendo a medio salto mientras se sobaba y se sacudía en una armonía hipnótica y reconfortante, para mí.
-¿Estas bien?-
-Sí. Solo fue una caída suave. Solo rasguños sin importancia.-
-Genial. Por cierto, me llamo Sofía.-
-Hola. Gracias por salvarme.- Dije al fin olvidando mi orgullo por haber sido una niña la que le pateo las aquellas a mi enemigo y no yo.
-No es nada. Ese monstruo aprovechado ya se ha ido, y si mi patada fue lo suficientemente fuerte, ya debe ir llegando a su casa con arrepentimiento de haberte molestado.
-Oye. No te había visto antes. ¿Vives por aquí?-
-En realidad no. Vengo en bicicleta desde el otro lado de la autopista principal.-
-Entonces, vives cerca de donde vivo.-dije sorprendido- Pero jamás te he visto, ¿eres nueva en la ciudad?-
-En realidad soy nueva en el país. Mi padre es de Francia y mi madre es de aquí, vive conmigo.-
-¿Y tu padre está trabajando en Francia?-
-No. Está muerto-
Luego de mi imprudencia me quede pasmado. Quise pedir disculpas pero no me salieron de la boca y mi cara enrojeció demasiado.
-Pero no te preocupes. Suelen preguntarlo todo el tiempo. Si de mí fuera, seguro colgaba un cartel en la puerta de mi casa que dijera “Mi padre no está en casa. Vuelva en diez minutos, tal vez San Pedro le haya dado las llaves para venir un rato.”-
-Seria gracioso- dije.
-Tienes razón. Pero seguro me preguntarían su número de teléfono para contactarlo.-
Solté una carcajada y me preparé para despedirme luego de ver que ella también se reía ¡y vieras que linda risa tenia!
-¿Te llevo?-
-¿A dónde?-dije
-Pues al colegio. Ya vamos tarde… muy tarde para ser mi primer día.-

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